Editorial
La Clínica Médica y la Medicina Interna*
Sobre las denominaciones Clínica Médica y Medicina Interna existe una confusión generalizada que incluso alcanza a muchos médicos. En nuestro medio la primera denominación es utilizada en la esfera asistencial y la segunda queda relegada al ámbito universitario y académico. Ambas tienen muchas similitudes, pero no representan lo mismo. La medicina clínica nace en la antigüedad grecorromana (Hipócrates, Areteo, Galeno) y la Medicina Interna aparece en plena modernidad europea, concretamente en Alemania (Siglo XIX). Sería extenso entrar en detalles sobre las líneas de pensamiento y los sustanciales aportes de otros países en estos 200 años. La intención es clarificar algunos puntos:
1) No es cierto que los médicos al graduarnos nos convirtamos automáticamente en clínicos.
2) Habitualmente se considera al médico de barrio y al de cabecera médico clínico.
3) La gente clasifica a los médicos en especialistas y en clínicos, confusión de la que participan autoridades y empresas de salud.
4) El internista es un clínico con alta formación asistencial y académica, posee una visión holística de la Medicina, tiene su santuario en el Hospital ya que allí adquiere su mayor capacitación, y asiste a adultos de ambos sexos (ambulatorios e internados).
5) Ante la nueva epidemiología que se vive en el mundo actual por la aparición de enfermedades inéditas, el recrudecimiento de otras que se creían superadas, y ante la mayor expectativa de vida que permite sumar años pero restar calidad por el padecimiento simultáneo de varias patologías, vuelve a rejerarquizarse en el primer mundo la figura del internista, injustamente devaluada en la segunda mitad del siglo pasado.
6) El internista es un especialista de la “complejidad clínica”, que tiende puentes con las otras especialidades (una suerte de pontífice) y quien mejor preparado está para ejercer una medicina antropológica, por ello dentro del equipo de salud podemos parangonarlo al director de una sinfónica.
Sería importante terminar con estas confusiones y reconocer el papel central del internista, comenzando por las instituciones de salud y en beneficio de una calidad prestacional de excelencia a los enfermos.
Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain
* La Nota fue publicada en el Diario LA NACIÓN.
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