Editorial
Los docentes de medicina y el espíritu crítico
La formación en Educación Médica o si se prefiere la Carrera Docente actual excluye el espíritu crítico. La prueba es que los estudiantes de medicina y los jóvenes profesionales a menudo adolecen de este espíritu, debido a que aquellos que les enseñan o les enseñaron, que los prepararon en los contenidos específicos de la materia médica, que los entrenaron en los procedimientos de la profesión, al parecer carecían de este espíritu o al menos en su papel docente no consideraron necesario hacer hincapié en el mismo. Esto forma parte de la crisis que hoy vivimos en la Educación Médica a nivel mundial.
La definición de las políticas de formación docente así como las reformas de los sistemas educativos –necesarias y acordes con los tiempos- suelen ser elaboraciones de gabinete, donde salta a la vista la escasa actividad experiencial en terreno.
No hay duda de que los docentes no pueden ejercer su tarea específica si no dominan los contenidos de su materia o especialidad, pero detenerse de una manera conformista en este punto como habitualmente sucede, revela una insuficiencia que acarrea ciertos peligros, pues, ya no se trata sólo de una cuestión de contenidos, es también una forma de pensar, y esto resulta mucho más complejo.
Un profesor de una especialidad clínica o quirúrgica debe no sólo estar formado y actualizado sino ejercer cotidianamente la Medicina, caso contrario nos encontraremos con profesores que dan muy buenas clases magistrales pero no asisten pacientes (…) Por otra parte, las carreras universitarias son ramas de un tronco de saberes que conforman el espíritu de la Universidad, de allí que el facultativo primero deba ser un universitario (…) La facultad de medicina y las otras facultades deben tener una perfecta integración con la Universidad, caso contrario nos veremos en serias dificultades formativas. Lo cierto es que estos hechos se verifican prácticamente en todas partes, y bien podríamos atribuirles la calificación de globalizados.
El docente de medicina está inserto en el mundo –no sólo en el mundo de la Medicina- y, de éste debe tener una visión más bien crítica, ligada a su condición humana, y si no alcanza a comprender esto su función docente en el proceso de enseñanza-aprendizaje se verá muy limitada. Podrá llegar a ser un buen instructor en lo que atañe a una práctica determinada de diagnóstico o tratamiento, lo que sin duda es importante, pero resulta suficiente.
Desde que existe la escuela como institución -en todos los niveles educativos- la función natural de ésta ha sido y es enseñar. Ahora bien, si vemos la tarea de enseñante como un proceso complejo y si reflexionamos sobre lo que se debería hacer para mejorar los resultados, allí surgirá inexorablemente el espíritu crítico.
El mejor ayudante de cátedra o el mejor profesor de una especialidad médica no será el que tome más cursos acerca de los contenidos de su materia o especialidad, tampoco el que asista a más seminarios y talleres de pedagogía. Los que piensan así terminan frecuentemente siendo defraudados por los resultados que obtienen con sus alumnos, sean del pregrado o del postgrado. Los docentes tienen que pensar sobre estas cuestiones y tomar decisiones acerca de lo que hacen sus estudiantes de medicina o sus médicos residentes. Mejorar la calidad de la enseñanza es primordial y debe ser una meta en todo buen docente. Porque la Educación Médica no sólo articula el saber médico con los lineamientos de la Pedagogía y la Didáctica, ya sea como adorno o quizá a título de complemento, pues, exige poseer muchos otros saberes e incluso tener una visión crítica del mundo actual. Una pregunta insoslayable que todos nos deberíamos formular: ¿qué representa la Medicina como forma de ver el mundo?
Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain
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