|
Educación
Médica: entre la acreditación y la garantía
La acreditación
es el mecanismo que permite determinar que una institución,
un programa o una carrera tienen un nivel de calidad
educativa mínimo, aceptable para todos, sin perjuicio de
que se logren niveles de calidad educativa más altos. Se
trata de un instrumento evaluativo para determinar el cumplimiento
de los indicadores de calidad, por consiguiente permite
certificar de manera pública que la institución (facultad
u hospital), los planes de estudio y también la organización
y sus recursos humanos poseen los requerimientos mínimos
para desarrollar con eficiencia el proceso de formación
tanto en el pregrado como en el postgrado.
El mecanismo
de acreditación, al igual que el de reacreditación (habitualmente
cada 5 años), bien instrumentados, deberían ofrecer una
garantía sobre la calidad formativa. Pero sin una fiscalización
que apunte a verificar el cumplimiento, la acreditación
puede terminar malográndose.
En algunas instituciones
se usa el crédito académico, que es una unidad docente objetiva
que garantiza la calidad del diseño, la organización y la
ejecución del proceso educacional. El mecanismo consiste
en que cada profesional tiene el deber de acumular durante
un quinquenio un número de créditos académicos, de no llegar
a ese número requerido, además de evaluar el curriculum
vitae y los resultados de su trabajo, puede ser sometido
a un examen de recertificación.
Diferentes instituciones
en nuestro país, públicas y privadas, vienen haciendo ingentes
esfuerzos para instaurar una conciencia sobre el tema, pero
estamos muy distantes de lo que acontece en otros países
que tienen una experiencia de varias décadas, tal vez porque
entre nosotros no existe una cultura al respecto.
A
lo largo de la historia de la humanidad podemos comprobar
que siempre hubo un interés manifiesto por asegurar la calidad
de los estudios médicos así como el nivel de competencia
de los profesionales.
El
Rey Hammurabi, hace 3700 años, estableció en su código responsabilidades
de resultado para los médicos en su ejercicio. Con Carlomagno
(año 805) se articula la Medicina al Trivium y al Cuatrivium.
El que aspiraba estudiar medicina debía realizar un curso
preparatorio de filosofía en la facultad de artes. Federico
II de Sicilia ordenó que ningún aspirante al título de médico
ejerciese si no había aprobado un examen ante el tribunal
público de maestros de Salerno, ya que le preocupaban las
consecuencias de la impericia médica. Dispuso, también,
que nadie estudiase medicina sin haber cursado tres años
de Lógica. Los estudios médicos duraban cinco años y en
ese período el maestro debía explicar los textos de Hipócrates
y Galeno, y no se podía ejercer sin antes haber practicado
durante un año bajo el “consejo” de un médico experto. Es
decir, había 5 años de estudios y un año de práctica tutelada.
Así estaba diseñada la enseñanza teórica y práctica, y regulado
el ejercicio de la profesión médica en el Siglo XIII. Un
hecho interesante es que en la Edad Media, un doctor de
la Universidad de París o de la Universidad de Bolonia,
debido a la fama que tenían esas instituciones, podía ejercer
en cualquier lugar del mundo entonces conocido.
En una etapa crítica como la actual es fundamental
recurrir a una política que le dé seriedad a las acreditaciones,
títulos y certificados que se expiden. Es necesario superar
el mero formalismo y demostrar en los hechos que los papeles
firmados y sellados están acordes con la eficiencia en la
formación del recurso humano, en otras palabras, es
menester
darle a la sociedad las garantías que legítimamente reclama
para recuperar la confianza perdida.
Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain
Volver
|