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Fragmentos
Malestar en la medicina actual.
Una
observación atenta de lo que acontece en la
medicina de nuestros días nos revela un panorama
con muchos claroscuros. El progreso alcanzado en
estas últimas décadas es vertiginoso, fruto del
desarrollo tecnológico y de la investigación
científica, básica y aplicada. Paralelo a este
desarrollo de la “tecnociencia” que ha permitido
avanzar en el diagnóstico, el tratamiento, la
prevención y la rehabilitación, se advierte un
creciente malestar en la población, sobre todo
en los pacientes, a los que ahora también se los
llama usuarios o clientes. Pero el
malestar también involucra a los médicos e
incluso a los estudiantes de medicina. Es decir,
la disconformidad comprende por un lado a los
enfermos debido a la asistencia médica que
reciben y, por otro tanto a los médicos por el
sistema laboral indigno como a los futuros
médicos por la formación. Además, recordemos que
después de la Segunda Guerra Mundial comenzó a
hablarse de la deshumanización de la
medicina, tema íntimamente ligado a la forma o
manera en que el médico se relaciona con su
paciente.
En
las últimas décadas se ha producido una
modificación sustancial en la relación
médico-enfermo, porque hemos pasado del “modelo
hipocrático” basado en el paternalismo y la
beneficencia al “modelo liberal” de neto corte
contractualista y autonomista. Esto ha permitido
que ahora el paciente ya no sea considerado por
el médico como alguien que no está en
condiciones de decidir acerca de su propio bien.
El médico, por su parte, hoy debe limitarse a
informarle al paciente acerca de su situación de
salud o de enfermedad, proponiéndole estudios o
terapéuticas que éste puede aceptar o rechazar,
pudiendo hacer uso de una segunda o tercera
opinión.
Es
curioso, antes los pacientes estaban mucho más
contenidos y en consecuencia satisfechos con la
tarea de su médico de cabecera, al cual le
dispensaban una confianza ilimitada, en
ocasiones temeraria. Actualmente la medicina
puede solucionar muchos más problemas, ha
incrementado de manera insospechada su capacidad
resolutiva, y sin embargo la desconfianza se ha
impuesto. En efecto, este progreso en la
relación medico-enfermo va de la mano con una
creciente conflictividad, alimentada por las
noticias periodísticas y por ciertos estudios de
abogados que andan a la caza de clientes, de
allí que en no pocos casos el malestar de paso a
la litigiosidad cuyo objetivo es el
resarcimiento económico.
La ética y la estética.
De
cada acto médico siempre se puede hacer una
valoración ética. Desde la antigüedad la Ética
esta presente en el hacer o en el dejar de
hacer, pero en las tres ultimas décadas del
siglo pasado la actividad de nuestra profesión
se ha complejizado de manera insospechada, y por
eso debemos hacer frente a problemas inéditos,
algunos insolubles.
La
Ética se constituye en disciplina independiente
gracias a Aristóteles, y se la ve como la parte
de la Filosofía que mira el valor de la conducta
de los hombres. Platón y Aristóteles son las dos
constantes del pensamiento occidental, dos
sombras en las que siempre caemos, como
insistentemente se ha dicho.
En
la década del 70 surgió la Bioética, pero
tengamos presente que ésta no hace referencia a
una novedad intelectual o a una disciplina que
nace por generación espontánea, ya que se funda
en la ética filosófica en general, y en la moral
médica en particular. La problemática médica de
nuestros días avala sobradamente la existencia
de la Bioética Médica como disciplina, superando
en la práctica a la Ética Médica tradicional
cuyo confinamiento estaba dado por la vieja
deontología médica y la reglamentación jurídica.
Hoy
necesitamos contar con seguridades ante
situaciones difíciles, y esto nos conduce a que,
frecuentemente, la voluntad de contar con
seguridades se imponga sobre la voluntad de
alcanzar la verdad. La búsqueda de una medida
universalmente válida para el bien o el mal, lo
correcto o lo incorrecto, desvela al hombre
desde tiempos remotos.
Para
que podamos escoger entre diferentes formas de
comportamiento social es menester que gocemos de
libertad, porque sin ésta no hay
capacidad de elección posible, pero la
libertad circula unida a la responsabilidad,
es decir, de las decisiones que tomemos
deberemos dar cuenta (libertad responsable).
La
pregunta: ¿qué debería hacer?, no tiene
porqué ser forzosamente equivalente a ¿qué
debería hacer moralmente?, y esto es así
hasta para el que tiene internalizado el
concepto de moralidad. Ante la interrogación ¿porqué
debo actuar moralmente?, los griegos
responden: porque así serás feliz,
y los éticistas modernos, siguiendo a Kant,
contestan: porque es tu deber. En un caso
surge la felicidad, a la cual se tiene
acceso por el camino de la virtud, en el
otro caso aparece el deber, o sea, el
imperativo categórico kantiano.
La
ética griega pregunta:¿ qué he de hacer para
vivir bien? La ética moderna: ¿qué debo
hacer para actuar correctamente? Pero
convengamos que vivir bien y actuar
correctamente son dos cosas muy diferentes.
Ionesco solía decir que lo único que no toleraba
era la fealdad. Kant consideraba la belleza como
un símbolo moral. Y Ludwig Wittgenstein
pensaba que ética y estética son lo mismo. En
realidad la diferencia entre ellas, en la medida
en que son lo mismo, es muy sutil. Los médicos a
menudo debemos abordar situaciones decididamente
antiestéticas, en ocasiones repulsivas, cuando
no nauseabundas, pero ante ellas el deber
profesional se nos presenta como un imperativo
moral. Por fortuna muchos de los actos médicos
son bellos, como ser la llegada al mundo de un
bebé. En fin, siempre sostuve que la profesión
debe ejercerse con ética y en lo posible con
estética.
La moral médica.
La
moral de los médicos siempre ha estado en el ojo
censor de la gente. Bástenos con reparar que
hace 3700 años el Código de Hammurabi ya hacía
expresa mención de la responsabilidad de los
médicos y, explicitaba la pena que debían
recibir en función del daño que cometiesen en el
ejercicio de la profesión y a quien se lo
ocasionasen. Claro que, como es habitual que
suceda, a lo largo de la historia suele haber
etapas de mayor y menor tensión. Al respecto
recuerdo que en 1979, asistí a un evento sobre
abogacía, medicina y ética que se desarrollaba
en el Colegio Oficial de Médicos de Madrid,
donde yo estaba matriculado. Allí tuve la
oportunidad de conocer personalmente y charlar
con el Profesor Florencio Escardó, quien había
viajado desde Buenos Aires como invitado
especial. Luego de prolongados y jugosos
debates, el Doctor Escardó pidió la palabra y
manifestó que hacía tres días que oía hablar de
la moral de los médicos pero que todavía nadie
había hablado de la moral de los pacientes... En
efecto, daría la impresión que los pacientes
sólo tienen derechos y los médicos sólo deberes.
Por otra parte debo confesar que como argentino
me sentí muy orgulloso que Escardó en cada una
de sus intervenciones acaparase la atención del
auditorio y fuese elogiado por los asistentes y
los invitados de otros países que allí estaban
presentes. ¿Será por aquello de que nadie es
profeta en su tierra?
En
el último año de la carrera recuerdo haber
tenido solo tres clases sobre deontología
médica: los honorarios, el ana ana, el
aborto. Como si la moral de los médicos pasara
exclusivamente por el comportamiento que debemos
tener frente a estos temas. Recuerdo que me
produjo una íntima decepción, pues, ya advertía
que la problemática era mucho más intrincada y
quizás por eso con los años me interesé en el
estudio de la ética en general y de la bioética
clínica en particular.
En la historia de la moral médica
los médicos mantuvieron y mantienen distintos
cauces en su relación con la sociedad. ¿Es
posible una ética que abarque a la ciencia
economía en general y a la economía de la salud
en particular? Para Weber la modernidad ha
privilegiado la racionalidad económica como
paradigma de racionalidad, mientras que las
decisiones éticas han quedado relegadas al
ámbito de la conciencia.
La
medicina contemporánea está regida por la
ciencia (básica y aplicada) y la tecnología,
pero también por la economía y la política,
disciplinas que día a día ejercen mayor poder
regulatorio y decisorio sobre los actos médicos
(tanto desde el Estado como desde ámbitos
empresariales privados). Sin embargo, es
necesario que se comprenda que la tecnología y
la economía médicas son herramientas al servicio
del hombre, por lo tanto no podemos aceptar que
se conviertan en fines.
La
responsabilidad del médico es una
responsabilidad especial y pública. Pero en los
días que corren los médicos estamos más
preocupados por los aspectos legales debido a
las consecuencias materiales, psicológicas,
sociales y laborales que pueden ocasionar
ciertos errores o prácticas defectuosas (medicina
defensiva).
En
ética se habla del imperativo categórico, y a
Kant se le debe este principio absoluto que da
razón suficiente a la moralidad. Es un principio
de carácter autónomo, absoluto y previo a la
“voluntad empírica” de los hombres (esto es lo
que el pensamiento liberal ha entendido por
autonomía). Si dicho principio dependiera de
la “voluntad empírica” se convertiría de hecho
en un “imperativo hipotético”, pero al depender
de la “voluntad pura” tiene carácter
“categórico”. Como sostiene mi talentoso amigo
Diego Gracia Guillén, catedrático de la
Universidad Complutense de Madrid, se trata
de un principio superior al de autonomía,
que funda “obligaciones absolutas o de
justicia”, no “obligaciones relativas o de
beneficencia”. |