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El Estilo Científico

“Le style cést l’home meme”*
Buffon

 

Para el recién iniciado redactar un informe científico constituye todo un desafío. En este capítulo no daré una “receta” para que éste solucione con rápidez este problema, pero sí procuraré dar algunos lineamientos generales que pueden ser de gran utilidad. Antes me parece oportuno transcribir las críticas que hace varios años Farfor (1) hizo de los artículos médicos, críticas que pueden trasladarse a artículos científicos de otras disciplinas.

 

“- Presentación confusa,
  - detalles superfluos,
  - datos o comentarios ajenos al tema,
  - estilo inútilmente adornado,
  - discordancia entre texto, tablas y figuras,
  - figuras y tablas sin leyenda,
  - nomenclatura anatómica arcaica,
 - confusión entre referencias citadas en el artículo y una bibliografía   exaustiva,
  - referencias bibliográficas incompletas o erróneas,
  - citas inexactas de trabajos,
  - redacción criptográfica, reservada sólo a los iniciados,
  - confusión entre publicación de una revista y el capítulo de un tratado de  enseñanza, que debe ser exaustivo, en tanto que la primera debe limitarse exclusivamente a los temas abordados en el trabajo,
 - resumen incomprensible, olvidando que éste debe ser un miniartículo, conteniendo lo que ha sido hecho, porqué y cómo lo ha sido, lo encontrado y lo  que ello significa”.

 

La elaboración de informes científicos es más una técnica que un arte. No es imprescindible poseer el métier  de un escritor, ni el conocimiento de la lengua de un gramático, basta con ajustarse a una serie de reglas básicas y procurar trabajar con rigor científico.
Antes de redactar un artículo debemos saber a quiénes está destinado (alumnos, profesionales, especialistas en el tema, público en general), porque de esta manera procuraremos adecuar el texto al nivel de los destinatarios, lo que es respetado por todo buen redactor.
No conviene disponerse a escribir sin sentir atracción por el tema, y obviamente sin haber realizado la consulta bibliográfica correspondiente. La primera redacción suele ser descuidada, ya que en ella interesa esbozar el trabajo. Luego se corrigen los errores de erudición, así como los errores gramaticales y linguísticos. Es necesario evitar aquellos vicios de dicción en los que corrientemente se incurre (barbarismos, solecismos, anfibologías, cacofonías, monotonías). También es necesario saber tachar para evitar lo superfluo y conseguir un estilo conciso y denso (Martín Vivaldi) (2). Finalmente, antes de entregar el artículo, conviene revisarlo con detenimiento.
Los que hablamos idiomas latinos, tan ricos en vocabularios, debemos esmerarnos por emplear el término correcto, la frase clara, el texto y el contexto en lo posible breves. Importa el contenido, y éste debe ofrecerse en el menor espacio y con la mayor claridad y precisión posibles.
Los linguístas distinguen entre “langue”y “parole”. Distinción que pertenece a Ferdinand de Saussure, y que ha sido fecunda para la linguística. La lengua constituye lo social del lenguaje y existe por convención (es colectiva), a diferencia del habla que es la suma de lo que se dice (es individual). Al respecto, Roca Pons dice: “Entre lo funcional e imperioso de la lengua y lo accidental y contingente del habla existe, pues, lo normal o habitual, que es exigido por la necesidad de entenderse pero refleja un hábito importante en el uso idiomático” (3).
Cuando redactamos es menester que tengamos en cuenta la armonía, que se logra con una cuidadosa selección de las palabras según sus sonidos y combinaciones, y también, la manera de construir las frases. Recordemos que una frase tiene cadencia cuando se ajusta a las exigencias de la respiración.
Que redactemos conforme a la lógica significa que las frases sean fieles al orden natural de los pensamientos y a las reglas gramaticales. El orden sintáctico sujeto - verbo - complemento debe respetarse. El estudio del orden de las palabras es uno de los más difíciles de la sintáxis y de la gramática en general. Para Roca Pons  el orden lógico está determinado por la claridad, y por factores afectivos y rítmicos.
Antoine Albalat (4) dice: “Cada uno escribe como puede y como quiere, puesto que el estilo es la expresión individual del pensamiento”. En efecto, el estilo es un fenómeno individual, ligado íntimamente a la personalidad del que escribe. Pero Albalat se dirige a los que aspiran a convertirse en escritores, no en redactores científicos.
Es necesario que el informe denote claridad, precisión y brevedad. Hoy día existe demasiada información, aunque la comunicación suele ser escasa, y los profesionales cada vez disponen de menos tiempo para leer, por eso es imprescindible que, en lo posible, lo escrito sea “económico”. Claro que economizar palabras no significa escribir telegráficamente. Es necesario apartar la hojarasca, desdeñar la verborrea. Recordemos aquella locución latina que se aplica a los escritores concisos: “multa paucis” (mucho en pocas palabras). De esta forma ahorraremos tiempo y esfuerzos.
Todo trabajo debe ceñirse a las siguientes pautas:

     1. Precisión

     2. Claridad

 3. Lógica

    4. Sencillez

     5. Brevedad

      6. Elegancia 

1. Precisión: Significa que hay que emplear los vocablos que corresponden.

2. Claridad: La claridad en las ideas debe traducirse en una exposición transparente.

3. Lógica: Es necesario que el artículo revele un discurrir y un razonamiento coherentes.

4. Sencillez: Utilizar palabras corrientes, así como las denominaciones apropiadas.

5. Brevedad: El estilo de la ciencia exige que la información ocupe la menor extensión posible.

6. Elegancia: Que lo redactado respete estas normas de exposición en beneficio del contenido, no implica que se desprecie la armonía y belleza expositivas. La búsquedad de una precisión técnica no debería estar reñida con el aspecto literario.

Si nos referimos a observaciones o experimentaciones ya realizadas, hay que utilizar el tiempo pasado, al igual que en los resúmenes. Existe una tendencia bastante difundida a sustituir el yo autoral por el nosotros autoral. En realidad no es incorrecto utilizar la primera persona del singular o del plural, siempre y cuando corresponda. Tampoco es imperioso, como sustenta la preceptiva escolar, comenzar en tiempo pasado, seguir en presente y concluir en futuro; lo importante es que la sucesión verbal no dé lugar a errores de interpretación.
Farfor nos recuerda que en la redacción no científica hay construcciones legítimas, gramaticales y elegantes, pero que son inadmisibles en redacción científica. Para él es la lengua la que debe adaptarse a las normas de redacción científica, no la inversa.
* El estilo es el hombre

Bibliografía

1. Farfor J. A.: “Lénseignement de la rédaction médicale. Un heureuse initiative du syndicat national de la Presse Médicale. La Nouvelle Presse Médicale, 7: 1613-1616. 1978.
2. Martín Vivaldi G.: Curso de Redacción. Edit. Paraninfo. Madrid. 1979.
3. Roca Pons J.: Introducción a la Gramática. Edit. Teide. Barcelona. 1971.
4. Albalat A.: El Arte de Escribir y La Formación del Estilo. Trad. del fr. de L. Castillo. Edit. Atlántida. Buenos Aires. 1971.

 

Del libro del Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain:

Los Informes Científicos (Cómo hacer Tesis,

Monografías, Artículos para publicar, etc).

Editorial Lugar. Buenos Aires.

 


 

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