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MEDICINA ANTROPOLÓGICA

 

Prof. Dr. Marcos Meeroff*

 

Víctor V. Weiszäcker al definirla decía que era “una manera nueva de pensar y actuar en medicina”.

La consideramos un auténtico paradigma.

Es medicina integral, ya que su objetivo es cuidar la salud del ser humano, que es igualmente una integridad.

Definir al ser humano según la concepción evolucionista.

 

1.      Ser vivo autoecoorganizado.

2.      Integridad física, somática, psíquica, cultural, social, histórica. Es la persona, compleja determinista e indeterminista a la vez, miembro de un complejo mayor que es la población del globo terráqueo con cuyos demás integrantes mantiene una relación dialéctica de influencias recíprocas.

3.      El ser humano, la persona, viven en sociedad. Es un ser eminentemente social. Tiene capacidad creadora. Obra y crea. La suma de su actividad es la cultura.

4.      Cuando el médico se ocupa de su salud, debe, por consiguiente estudiar tres elementos: enfermedad, padecimiento, predicamentos, los que en inglés se denominan sickness, disease e illness. Son los tres elementos integrantes de la labor médica o, más correctamente, del equipo de salud. Esta es la fundamentación de la medicina integral, de base biológica y antropológica a la vez, o sea de la llamada ciencia única de la persona. Lolas Stepke, destaca que la integración de las ciencias del comportamiento y la medicina, el establecimiento de la dimensión antropológica del arte de curar, es la meta a la que conduce la revolución humanista de los últimos decenios.

5.      La medicina así entendida permite al médico:

a.       Pensar y actuar racionalmente;

b.      Reconciliar el método científico con el humanismo;

c.      integrar las áreas psicosociales al complejo disciplinario de la medicina, que facilita a su vez la comprensión de los fenómenos que predisponen y mantienen las enfermedades.

6.      Así visto, el ejercicio de la medicina requiere:

a.       Los estudios sistemáticos de las relaciones entre los sociales, psicológicos y biológicos que determinan la distancia entre salud y enfermedad;

b.      La aplicación de los principios científicos al estudio de los fenómenos subpersonales que afectan la salud;

c.      Concepto multifactorial de las enfermedades;

d.      Necesidad de la participación activa del individuo en el cuidado de la salud.

 

Actualmente la medicina que ejercemos conocida como modelo biomédica o científico-natural, según la escuela alemana, se característica por su contenido científico positivo y experimental, lo que implica el estudio analítico de los procesos mórbidos. Por consiguiente de contenido puramente biológico y en buena medida experimental. Abarca por consiguiente como elemento básico, el estudio descriptivo minucioso. Sus conocimientos son concretos y debidamente verificados. La investigación se realiza con rigor y control, para lograr el correcto diagnóstico y tratamiento. Emplea todos los recursos técnicos y recurre a la colaboración de las matemáticas y la fisicoquímica. Así comprendida y ejercida, se debe reconocer el extraordinario adelanto logrado en el siglo XIX y, sobretodo en el siglo XX en el conocimiento y tratamiento de las enfermedades. Sin embargo, adolece de deficiencias que se agrandan con el tiempo hasta convertirse en defectos groseros. Es una medicina reduccionista, exclusivamente somática, organicista, que se tecnologizó al máximo, tecnolátrica por consiguiente con la consiguiente deshumanización. El hombre es considerado una máquina que se desarma para corregirla. Al final termina cambiando piezas viejas por otras nuevas y se enorgullece de que la máquina así reciclada es igual que una nueva. Pero el hombre no es solamente una máquina. Siente y piensa; según Sagan mejor que las demás especies animales.

De ahí surgieron tendencias que se proponían mejorar el modelo, caso de la medicina psicosomática, franco progreso que abrió camino a la medicina socio psicosomática, que es la medicina integral, medicina antropológica.

Hemos tratado de sintetizar su fundamento científico.

Precisaremos su contenido

Considerando la historia clínica como el instrumento básico para el estudio del enfermo, Nasse y Jacobi, en el siglo XIX, decían: “Se puede asegurar que la historia clínica tiene por objeto reconstruir, no justamente una fotografía más o menos analítica del hombre enfermo, en cama, sino una pintura impresionante del paciente en su vinculación con su hogar, su trabajo, sus relaciones, sus goces, sus tristezas, esperanzas y temores”.

Nosotros, en nuestro primer libro sobre el tema (“Medicina Antropológica”. AMA. 1990. Bs. As.) describíamos su contenido:

Hemos concretado el tema lo suficiente como para poder formular la definición de la medicina antropológica. Nos conforma y aceptamos la de Gil Yepez

-         Concepción del paciente como persona;

-         Concepción de la clínica con mayor selectividad e idoneidad de la singularidad del paciente;

-         Ubicación del paciente en su medio ambiente;

-         Atención a la condición situacional indisoluble del individuo y existencial del paciente;

-         Concepción de la relación médico paciente científica, técnica y humanística;

-         Metodología del trabajo clínico y de investigación individual y multidisciplinario.

A mediados del siglo XX, E. Mira y López, creando el termino “eubiatria” describe el contenido de la medicina integral, antropológica:

“Creemos que el próximo paso de la ciencia médica será el de su ascenso al concepto de “eubiatría”, o sea, de medicina integral que, además de tener el doble enfoque psicosomático y somatopsíquico (propiamente antropológico y antropodinámico), tomará en cuenta la influencia genética (patología constitucional) y el factor ecológico. Este último, en su doble modalidad económica y social, afecta no solamente a la comprensión de los fenómenos morbosos sino a su tratamiento de acuerdo con criterios colectivos de medicina social e higiene pública y también presupone una total reorganización del aspecto “profesional”, donde habrá nuevos derechos y deberes, nuevas estructuras orgánicas y nuevos medios de actuación de los futuros egresados “eubiatras”. Estamos lejos todavía de llegar a esta medicina profiláctica social y global, pues para ello precisa vencer obstáculos milenarios y cambiar la cultura tabicada de nuestros días por una cultura infinal, más no hay dudas de que un arma poderosa para lograr este ideal nos la dan libros como éste (se refiere al de E. Pizarro Crespo y Leilo Zeno).      

Es menester subrayar el carácter y contenido social de la medicina, a partir del carácter social del hombre. Lo destaca Lipowski: la medicina es una disciplina científica que se ocupa del estudio de las determinaciones biológicas, psicológicas y sociales de la salud y la enfermedad. Baremblit, de la escuela de Goldemberg decía que “así como muchos médicos están descubriendo la psicología, otros tantos están descubriendo la sociedad”.

Un subtemas no pueden omitirse cuando abordamos el modelo médico que debe caracterizar la labor profesional. Me refiero al rol de la técnica, tema que afecta a la sociedad toda, dado su extraordinario desarrollo. Se habla de la tecnologización creciente que general tecnolatría con idolización y enajenación de la sociedad, calificada justicieramente como sociedad consumista. Ocurre lo mismo en medicina y es la característica del modelo biomédico actualmente hegemónico.

El modelo antropológico, lejos de prescindir de la técnica, recurso valioso del estudio del enfermo, y sin caer, a su vez, en la tecnofobia, retrógrada como la que más, se preconiza su uso, pero sin adorarla, como decía Jaim Etcheverry. Tampoco demonizarla, como dice el genetista ingles Stulton.

Pero el problema adquiere cierta gravedad por el incontenible desarrollo de la técnica  que convierte al hombre en su siervo, el hombre al servicio de la máquina. En medicina nos conduce a realizar una labor de pura técnica que va terminando en la telemedicina, medicina virtual con desprecio de la persona, ser humano, digno y libre, dueño de su vida de sus derechos. La medicina integral se ubica a la técnica en su justo lugar y la adjetiviza como técnica humanizada.

En su aplicación, la técnica en sí es lo menos importante.

Magnus, técnico alemán en un trabajo titulado “La medicina como reto para el médico sostenía que:

“La ciencia curativa sin el fundamento de la metodología científico-natural sería un ensayo a tientas en las zonas gris de las presunciones inseguras, pero la técnica curativa sin trascendentales conceptos antropológicos y experiencias se convertiría en una manipulación de datos que estrecharía el campo visual”.

Creo que, con vistas al futuro, los médicos deberíamos dedicarnos seriamente al estudio del problema el desarrollo de la tecnobiología. Sus logros con la colaboración de la ingeniería genética y la informática, están demostrando la posibilidad de cambios profundos en la vida de un ser humano, habitante de la aldea global que va siendo el globo terráqueo.

Mirsky, uno de los padres de la computación y el pionero de la creación de la inteligencia artificial pronosticó últimamente que en el 2035 el equivalente electrónico del cerebro, gracias a la nanotecnología, tal vez sea más pequeño que la punta de un dedo, lo cual significa que de dentro del cráneo una persona podrá tener todo el espacio que se quiera para implantar sistemas y memorias adicionales. Entonces, poco a poco, se podría aprender cada año más y añadir nuevos tipos de percepciones nuevas de razonamiento, nuevas maneras de pensar e imaginar.

Sin pretender declararme futurólogo, cuando preparaba mi libro “Medicina Antropológica”, incorporé estos párrafos, que sigo repitiendo:

1.      En el terreno de la investigación científica es menester saber hacia donde conduce el cambio que todos buscamos, si es que estamos de acuerdo en que ciencia es igual a cambio, ya que no es posible dejar que las novedades científicas se instalen en nuestra sociedad al azar de los descubrimientos científicos.

2.      La ciencia estará siempre contra el dirigismo, primer paso hacia una sociedad estrangulada por la coerción y la dictadura tecnológica, y defenderá la libertad científica, pero sobre la base de la responsabilidad individual en el trabajo colectivo, como manera única de armonizar progreso técnico con progreso social y amalgamar ciencia con libertad, condición sine qua non para que la sociedad tome la responsabilidad de su propia evolución.

3.      El gran peligro actual reside en que la ciencia como consecuencia de su bien ganado prestigio, puede inducir equivocadamente a los hombres de ciencia a creerse los dueños absolutos del universo, creando la posibilidad que el desarrollo científico termine con la intimidad personal, sometiendo al hombre a una inquisición permanente, interfiriendo en su desarrollo genético, hasta trastornar el equilibrio entero de la naturaleza con gran perjuicio para el medio natural.

4.      Es posible que, personalmente por encontrarme en la categoría de las personas añosas, me sienta extraño a la época que me toca vivir y sufra, entonces, las consecuencias tremendas de dos mitos temibles: el del aprendiz de brujo y el bendito pasado. Pero no solamente los que estamos en el período declive de la vida pasamos por este trance, por que la verdad es que el hombre moderno está desgarrado entre la tentación y el miedo y es éste último el que debe ser vencido, pero solo lo será en la medida que el progreso científico tenga un criterio y una norma para su desarrollo: el hombre.

5.       "En el desarrollo de la investigación hay que movilizar la creatividad de todas las personas, lo cual significa rechazar toda  forma de organización que limite la expresión de las personas. Hay que elegir entre modelos democráticas o impotencia económica. Nuestro porvenir depende de nuestra capacidad de construir, dentro del respeto a nuestras personalidades y a nuestras culturas, un nuevo humanismo. La modernidad pasa por el hombre, sino pierde todo sentido" (Portnoff ).   


*Presidente de Honor de la Academia Argentina de Ética en Medicina y de la Sociedad Argentina de Medicina Antropológica (Asociación Médica Argentina).   

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